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VIDA COTIDIANA

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A mis amigas Ponce de Viana, Encarna y Toñi

Gracias por ser amigas mías y sobre todo por haberme ayudado a sentirme útil

Cuando ingresé en la Residencia Hospital de San Sebastián me encontré algo perdida, ya que no tenía nada que hacer y esta situación me venía fatal para la depresión “de caballo” que tenía. Unos días después del ingreso, mi amigo de manualidades me comentó que había una señora que hacía de voluntaria en la residencia y que vivía en el centro junto con su madre y que como era muy dinámica, podía ayudarme a adaptarme. Así fue como conocí a Lola Asensio, y la verdad es que me ayudó mucho, aunque a veces se ponía y se pone “muy pesada”.

Todos los días salía con ella y la acompañaba a hacer recados y otros encargos, así que acabé conociendo a mucha gente.

Cierto día, hablando, me comentó que la hermana de una auxiliar que trabajaba en la residencia cosía por encargo para la calle, y me propuso que hablase con ella por si necesitaba ayuda, ya que yo había trabajado como costurera muchos años y la idea de ocupar mi tiempo en una actividad productiva me ilusionaba mucho. Por lo tanto, esa misma noche hablé con Toñi, la auxiliar y ella misma me dijo que me llegase a hablar con su hermana, como así hice al día siguiente.

A los pocos días ya estaba trabajando con ellas.

La hermana de Toñi se llamaba Encarna, y me enseñó a hacer cosas que yo no había hecho nunca, y, sobre todo, pasaba grandes momentos con ellas, cosa que aún disfruto ya que cuando cada día vo, le cuento mis cosas. ¡Incluso me animan a escribir un libro!

Mi querida Encarna ya no está en el negocio, por cuestiones familiares se ha ido a un cortijo fuera de Palma y la veo menos, pero cuando viene siempre voy a verla porque la quiero mucho y me hace reír, “está como una cabra”.

Con Toñi, la auxiliar que trabaja en la residencia, tengo una relación especial de amistad, cuando está de guardia tenemos muchos momentos de risas y bromas, sobre todo cuando nos juntamos ella, Lola y yo, nos lo pasamos muy bien.

Les doy las gracias a las dos hermanas por ser amigas mías y sobre todo por haberme ayudado a sentirme útil, ya que esa sensación la había perdido. A Lola Asensio, igual nunca le he dado las gracias personalmente por todo lo que ha hecho por m, y ¡por los bombones de la noche!

Aunque parece que estoy despidiéndome, siento deciros que no es así, voy a seguir dando caña. GRACIAS

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