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EXPERIENCIAS PERSONALES

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A mis ángeles de la guardia

¿Es necesario que los ángeles lleven alas?

¡Nada, que esta niña se ha empeñado en que escriba unas letras y se ha salido con la suya! (Así son los terapeutas ocupacionales…).

Quiero dedicar estas palabras a mis ángeles de la guarda: en general, a todos los que forman parte del personal que trabaja en mi residencia, mi nuevo hogar, pero en especial a ellas, las auxiliares.

Esas mujeres que se transforman cuando se ponen su uniforme: rojo y blanco. Mujeres abnegadas, totalmente entregadas a su difícil tarea, que no es otra que hacernos más llevadero y mucho más ameno y agradable nuestros días.

No sé de dónde sacan esa entrega, coraje y abnegación. Me faltan palabras para calificar su trabajo. ¿Trabajo? ¡No! ¡Rotundamente, no! ¡Vocación!

Sin pedir nada a cambio, diariamente, hacen de tripas corazón y olvidando sus problemas personales (hijos, casa, economía, etc…). Se entregan sin tapujos.

¿Cómo se les puede recompensar ese cariño a fondo perdido, sin esperar nada a cambio? Esos “ayes” que reconfortan tanto a esos residentes que por distintos motivos han perdido sus facultades mentales o las tienen muy deterioradas. Pendientes de cualquier detalle, que por muy insignificante que parezca, para ellas son muy importantes. ¡Qué paciencia, señor! Cuando son maltratadas (sí, digo maltratadas), bien de obra o de palabra por algún “abuelo/a”. Sin embargo, ellas pagan con su silencio. Nunca las he visto alterarse absolutamente por nada.

¿Cuánto vale un beso suyo? Con frecuencia las ves abrazar y besar a los residentes. Esas caras de satisfacción, que se reflejan en la cara de la persona que ha recibido esa caricia: cariño y calor tan necesarios, y tanto, en estos días.

¿Qué se les puede dar a cambio? Saben solucionar o paliar cualquier problema o situación que se presente, y sabéis, que esto es frecuente en una residencia de mayores.

En fin, no quiero alargar mucho más esta carta a mis cuidadoras, sin olvidar al resto del personal: enfermeros, fisioterapeuta, psicóloga, trabajadora social, terapeuta ocupacional, y los diferentes servicios.

No me queda sino agradecer a todos ellos el desvelo que tienen hacia nosotros y en especial hacia mí. Quiero cerrar con una palabra francesa como refrendo a todo lo anteriormente expuesto: ¡Chapó!

Muy bien, querido residente, me despido de vosotros, no sin antes recurrir a nuestro extenso y rico refranero: “Si una mujer te pide que te tires por un tajo…

Autor: Juan M. Almenara. Vitalia Suite Palma del Río.

 

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