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EXPERIENCIAS PERSONALES

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Mi nueva vida

Las personas mayores se tendrían que venir a una residencia cuando ya no pueden disfrutar de su independencia

El día 11 de Septiembre de 2014 mi vida cambió totalmente. Después de tener mi segundo infarto, yo ya no podía seguir viviendo sola porque, aunque vivía con mi hijo pequeño, pasaba casi todo el día sola en casa, ya que él trabajaba.  Así que mis hijos se reunieron para intentar encontrar una solución y me preguntaron con quién quería vivir, pero yo, pensando que podía ser un estorbo para ellos incluso por muy bien que nos lleváramos, decidimos que lo mejor era que me fuera a una residencia.

A través de un amigo de mi hija que tenía a su madre en la Residencia Hospital de San Sebastián arreglaron todo para irme. Las casualidades de la vida quisieron que esta residencia estuviera en Palma del Río, lugar donde nació mi querido padre. El pueblo que me era muy conocido por haber venido a ver a la familia.

El día que llegué a la residencia me pareció que llegaba a otro mundo, en el cual yo me sentía fuera de lugar por mi edad, por las normas que tenía que acatar, por los nuevos horarios… pero esto no fue un problema para mi y pronto acabé por adaptarme. Recuerdo que me enseñaron todas las instalaciones y también la primera conversación con el Terapeuta Ocupacional, que me dijo: “¡Qué joven eres, tú vas a ser la que me ayude!” Y me mandó un trabajo que consistía en pasar unos documentos a ordenador, que a día de hoy sigo pensando que era para que me sintiera útil y no porque realmente lo necesitara mandar a la Junta de Andalucía, como él decía.

Con el paso de los días fui conociendo a todas las trabajadoras del centro y mi obsesión era quedarme con todos sus nombres.

El día a día, al principio, fue difícil, lo pasé fatal, me despertaba por la noche y no sabía dónde estaba, pero bueno, se me acabó pasando puesto que tenía la ayuda de mi doctora, enfermeras y de las hermanas, todas me ayudaron mucho, se han llegado a convertir en mi propia familia.

Después de los más de dos años que he pasado aquí, pienso que las personas mayores se tendrían que venir cuando ya no pueden disfrutar de su independencia, ya que la residencia se acaba convirtiendo en tu propia casa pero con los cuidados que necesitas. Es más, cuando voy a Córdoba a visitar a mis hijos y paso fuera de la residencia dos o tres días, ya me quiero volver a ese otro mundo.

Para terminar, doy las gracias a todos los trabajadores y trabajadoras por ser tan amables conmigo y ser los amigos que nunca tuve.

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