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EXPERIENCIAS PERSONALES

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Nuestros queridos emigrantes

La noticia de que un hijo se marcha al extranjero supone un duro golpe para todas las madres, pero aún más cuando se es mayor.

Son muchas las familias que se ven obligadas a despedir a uno de sus miembros para marchar a otros países, principalmente en busca de un mercado de trabajo que en España está muy limitado y decaído. Cuando una persona llega a tomar una decisión tan importante como esta, previamente ha descartado muchas otras, y ha buscado desesperadamente la manera de no tener que hacerlo.  En esos momentos sentimientos de miedo, incertidumbre y desconocimiento del idioma en la mayoría de los casos son a menudo experimentados por los protagonistas de estas historias.

Luisa Morales Páez y Alfonsa Espejo Gómez, ambas  usuarias de la residencia Santo Cristo de los Remedios de la Rambla,  de 70 y 66 años respectivamente, nos cuentan a continuación en primera persona sus casos y nos abren sus corazones para dejar salir los sentimientos más personales.

«Mi nombre es Luisa. Hace ya algunos meses (aunque a mí se me presentan años), que mi hijo Marco Antonio de 41 años, tuvo que marchar para ganarse la vida en el extranjero. Después de tres años en paro, con una familia a la que alimentar, y sin ser ajeno al dolor de separarse de ella, se fue para Alemania en busca de un futuro laboral más prometedor. A través de un contacto consiguió un trabajo de encofrador en una empresa, y mientras no encuentre nada en España, ese será su futuro a medio plazo.

Es muy difícil explicar en apenas unas líneas los pensamientos que pasan por la mente de una madre cuando tu hijo/a te comunica que en su país donde nació, creció y ahora están educando a sus hijos es imposible conseguir un trabajo, sea cual sea, pues cada vez se vuelven menos exigentes, y es por ello que tienen que marchar. Es cierto que la mayor satisfacción que podemos tener los progenitores es verlos felices, que no les falten nunca de nada, con un trabajo digno y con ese sentimiento de utilidad que solo es capaz de proporcionarte el trabajo. Sin embargo, por otro lado se presenta otros sentimientos de igual intensidad pero sentido contrario, debido a la lejanía, al no poder abrazarlo, al no saber si come bien, si en esos países hace frío y si lo tratan como se merece, esos sentimientos que solo puede entender aquellas que somos madres.

Todavía se hace más complicado cuando se tiene mi edad. Para mí las nuevas tecnologías se muestran muy desconocidas aún, no dispongo de teléfono móvil, y las llamadas al extranjero no pueden ser muy  frecuentes cuando se tiene la paga de un pensionista, por ello es mi nuera la que procura mantenerme informada de su día a día, y todos los domingos mi hermana me deja su teléfono para poder escucharlo y hasta verlo. Hablamos sobre el trabajo,  la niña, alguna novedad en la residencia y principalmente sobre las ganas que tiene de volver».

«Mi nombre es Alfonsa, y me veo reflejada en las palabras de Luisa, puesto que yo también estoy pasando por algo similar. Antonio, el más pequeño y único varón de mis cuatro hijos, tiene ahora 30 años, y ha pasado los cuatro últimos en Nottingham  (Inglaterra). Decidió marcharse cuando terminó la carrera de informática y tras una intensa y fallida búsqueda de empleo. A pesar de que su novia también se trasladó con él, echa mucho de menos La Rambla, el lugar donde ha crecido, estar con sus hermanas, tomar una caña con sus amigos, pasear por las calles de su pueblo y disfrutar de los detalles más simples que todos ignoramos cuando nos acostumbrados a ellos. Cada día espero ansiosa a que llegue el domingo para poder hablar con él a través de mi teléfono móvil, así lo siento de alguna manera más cerca de mí.

Sin embargo la suerte nos ha querido sonreír y hace apenas unas semanas recibí la mejor de las noticias, mi hijo y su compañera vuelven a España en breve por una oferta de trabajo. Me alegro inmensamente por ellos, porque han luchado mucho para lograrlo, pero  al final todo tiene su recompensa. Por muy negro que veamos el porvenir debemos ser constantes y marcarnos unas metas con propósito de trabajar duramente hasta alcanzarlas, porque más temprano que tarde disfrutaremos de ellas».

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