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VIDA COTIDIANA

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Querer es poder

Patrocinio se siente como un cisne en la etapa adulta tras ser el patito feo de pequeña

Mi  nombre es Patrocinio, tengo 76 años y actualmente vivo en el centro de mayores Vitalia de Espiel. Me gustaría compartir con todos mi día a día, por si pudiera servir de ayuda a algún lector, como ejemplo de que el hecho de cumplir años no implica el abandono de nuestros intereses.

Mi infancia no fue nada fácil, siempre fui una niña inquieta, con admiración a todo lo que se pudiera aprender. Recuerdo cómo lloraba por no poder ir al colegio como algunos niños de mi edad, pero me hice de algunas cartillas de lectura y yo sola conseguí aprender a leer. Me dediqué a ayudar en casa y realizar labores del campo. Era muy observadora y todo aquello que me gustaba intentaba hacerlo después por mi cuenta.

La vida siguió poniéndomelo difícil. Me diagnosticaron la enfermedad Miastenia Gravis. Para los que no la conozcáis es una  enfermedad neuromuscular autoinmune y crónica caracterizada por grados variables de debilidad de los músculos esqueléticos del cuerpo.  Significa debilidad muscular grave. Esto no ha impedido que siga haciendo las cosas que me gustan. Me casé con Ángel y tuvimos dos hijos. Ángel vive conmigo en Vitalia.

He pasado por numerosas operaciones pero cada una de ellas me ha dado más ganas de vivir. Cuando vi que las fuerzas me fallaban y me costaba ayudar a mi marido decidí que era hora de buscar ayuda. No me asustó la idea de ingresar en un centro, es más, estaba entusiasmada ya que vi en ello la oportunidad de aprender todo lo que la vida no me había permitido y así sentirme realizada.

Nos hemos adaptado a la perfección. Me siento como el patito feo que pasaba desapercibida de pequeña y en su etapa adulta se convierte en cisne. Me siento sumamente valorada aquí y no puedo explicar cómo me hace sentir cada vez que recibo un halago por parte de alguno de los trabajadores sobre alguna de las labores que he hecho. Las siento como hijas propias cada vez que alguna trabajadora viene a traerme ovillos de lana para que le haga algo para ella o para alguno de sus hijos. Cada vez que la psicóloga me propone que realice un taller en el que enseñar a mis compañeras a hacer mis botones mágicos o mis ponchos me siento valorada, igual que cuando me propusieron presentarme a las elecciones para el consejo de residentes del centro, del que hoy soy presidenta gracias a la confianza de mis compañeros.

Ahora estamos inmersos en la construcción del huerto terapéutico en el que estoy deseosa de enseñarles todos los conocimientos que la escasez de mi infancia me proporcionó.

A mí me faltan horas en el día. Hago mis labores, voy a rehabilitación, participo en actividades, hago gimnasia, riego y podo los geranios y rosales del jardín, etc. Con esto, quiero decir a mis compañeros de etapa de vida que no abandonen sus intereses, que nunca es tarde para alcanzar objetivos. Yo lo he hecho. Soy muy feliz. Me siento querida y valorada y en parte se lo debo al sitio donde vivo, repleto de gente estupenda que me hace sentir así.

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