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EXPERIENCIAS PERSONALES

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¿Quién no se ha sentado en una silla de mi padre?

El negocio de mi padre consistía en arrendar mesas y silla para todo tipo de eventos

Mi padre nació en Palma del Río, fue el mayor de 4 hermanos y tuvo que ayudar desde muy joven en casa, ya que su madre se quedó viuda muy joven.

Mi padre se casó con su novia de siempre, y con ella tuvo un hijo al poco tiempo de casados; tras siete años de matrimonio, volvieron a encontrar la felicidad a modo de otro embarazo, pero todo se convirtió en un trágico episodio en su vida, ya que su mujer murió en el parto de fiebre puerperal, y la niña de sarampión posteriormente.

Después de un tiempo, mi padre, que era una persona muy emprendedora, decidió trasladarse a Sevilla con el objetivo de encontrar una vida mejor. Estuvo trabajando en multitud de lugares haciendo infinidad de trabajos, entre ellos, vender marisco en los Jardines de Murillo con un carro.

En Sevilla conoció a mi madre y se casaron, tuvieron cuatro hijos, yo fui la tercera.

No sé de qué modo conoció al que después sería su socio durante más de 20 años, pero de esa situación nació la empresa de alquiler de sillas a la que durante muchos años se dedicó. Mi padre asumió el rol de socio industrial y la otra persona el de socio capitalista.

El negocio consistía en arrendar mesas y silla para todo tipo de eventos, desde la feria de Sevilla o de cualquier otro pueblo de Andalucía, a la Semana Santa o bares en época de verano; empezó con un carro de caballos como medio para repartir las sillas pero terminó con un negocio grande y próspero.

Recuerdo épocas de muchísimo trabajo de las que guardo muchos y grandes recuerdos. Por ejemplo, me gustaba mucho el segundo o tercer día de feria. Mi padre, mi madre, mi hermana y yo íbamos a cobrar el arriendo de las silla y mesas (con la idea de no dejarlo para el último día porque se podían ir sin pagar o llevarse las sillas). Íbamos en una Sangla que tenía con sidecar ¡y nos pegábamos unos viajes…! Después de cobrar nos montábamos en los cacharritos y durante las “visitas” a los clientes visitábamos todas las casetas de la feria, ¡un día de trabajo que se convertía en una fiesta para mi hermana y para mí!

Recuerdo también cuántos amigos tenía, y cuánto lo querían, además de la admiración y respeto que le mostraban; todo por ser el tipo de persona dadivosa que era, disfrutaba viendo a los demás disfrutar. Para mí fue la persona más importante de mi vida.

El negocio funcionó siempre con la colaboración del capital de su socio, pero su idea siempre fue poder hacerlo suyo, cosa que tristemente no pudo conseguir debido a problemas de salud. Sólo lo separaron meses de cumplir su sueño, ya que murió dos meses antes de conseguir el 100% del negocio.

A día de hoy, no hay feria, comunión u otro acontecimiento que me haga pensar en él cuando veo las sillas y mesas de la celebración, me pregunto: ¿Cuántos de vosotros y vosotras no se han sentado alguna vez en una silla de mi padre?

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