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Martes, 13 de Noviembre

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Decisión y coraje

Carmela Morales, una mujer adelantada a su tiempo

Hoy hemos convencido a Carmela para que nos cuente por qué decidió sacarse el carnet de conducir allá por el 78 y aquí le mostramos una historia de superación y lucha, la historia de una mujer adelantada a su tiempo.
Cuando yo me casé, mi marido tenía una tienda de comestibles y funcionaba estupendamente. Teníamos dos hijas por aquel entonces, yo me dedicaba a cuidarlas. Años más tarde llegó el tercero.
Marchábamos estupendamente, pero pusieron negocios más grandes en el pueblo y las cosas a nivel económico empezaron a empeorar, las ventas bajaban y cada vez iba a más. En esa situación, empecé a ir por las tiendas, pues era muy buena costurera, ofreciendo mis servicios de corte y confección. Tenía fama de buena costurera y de tener mucho estilo. Cada vez era más conocida y más personas venían a buscarme. Les hacía vestidos a las niñas y después a las mayores.
No teníamos dinero, pues fuimos a la ruina. Pero un misionero, amigo de mi marido, nos prestó 50.000 pesetas para abrir el que sería mi negocio de corte y confección.
Empecé comprando retales a Enrique Morales, un señor de Peñarroya. Compraba y me iba en taxi. Un día, viéndome comprar, me dijo que era una buena comerciante y que no tenía que pagar por el género antes de venderlo, que me lo llevara y cuando lo hubiera vendido le pagara. También me ofreció ir con él a Barcelona para que le ayudara a elegir género pero no acepté.
Cada vez compraba más, porque el negocio iba muy bien, tanto compraba que los taxistas se negaron a llevarme, alegando que era muy pesada la carga. Fue en ese momento en el que tuve que echarme para adelante y me saqué el carnet de conducir; me examiné del teórico en Peñarroya y del práctico en Córdoba, pues el negocio iba ampliándose y necesitaba poder saber moverme por la ciudad para mis compras.
Me compré un Renault, grande y largo, de esos que tenían los asientos de atrás abatibles para hacer más amplio el maletero. Todos se echaron las manos a la cabeza cuando me lo compré, decían que era un coche muy grande y con mucho motor, pero no les hice caso, porque era el que yo necesitaba.

En Córdoba compraba género en la avenida Madrid y también empecé a comprar confecciones en “Masensi” y en “La boutique de Ana”. Poco a poco dejé de traer telas y solo traía confecciones, elegidas con mucho gusto.
Cuando a mi tienda llegaban mujeres menos favorecidas, yo les prestaba mis joyas y zapatos para que fueran aún más elegantes.
Como yo había estado arriba y también abajo. Cuando pasaba por mi puerta alguien con necesidad, le daba mis cobertores y comida, en la medida en que yo podía. Pero siempre ayudando. Cuando iba con mi hija al fútbol, y veía algún necesitado, luego iba a su casa a echarles una mano, con mi hija, para que ella viera el ejemplo. Y me decía mi niña, mamá no te han dado las gracias, a lo que yo le contestaba, me las da Dios.
A día de hoy estoy orgullosa de mí y de la maravillosa familia que me acompaña, mi hija, su marido y mis nietos.
Quiero finalizar expresando mi gran fe, porque todo lo que he hecho y luchado, siempre se lo he pedido al Señor. Pues él decía: “Venid a mí, los que estáis necesitados, que yo os ayudaré”.
Pues de mujeres tan maravillosas como ella, que nos sirven de ejemplo diario, nos rodeamos las trabajadoras del centro de día de mayores El Carmen, en Hinojosa del Duque.