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Martes, 13 de Noviembre

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Difícil decisión pero… acertada

Tus padres, los abuelos de tus hijos, se han hecho mayores. Ahora son ellos los que te necesitan a ti.

A lo largo de la vida, disfrutamos de varias etapas. La primera, cuando somos niños. Una etapa sin problemas ni preocupaciones porque están nuestros padres que “lo arreglan todo, todo, todo…”.

Poco a poco, los hijos vamos creciendo, nos formamos y, casi sin darnos cuenta, empezamos una nueva vida fuera del hogar de los padres. En la mayoría de las ocasiones, tenemos hijos que se convierten en nietos de tus padres. Varios hogares pero una sola familia: abuelos, padres, hijos, nietos…

El paso de los años, trae consigo vida, experiencia, vivencias, recuerdos… Pero también “el deterioro, el desgaste…”.

Tus padres, los abuelos de tus hijos, se han hecho mayores. Ahora son ellos los que te necesitan a ti, porque el desgaste de la edad tal vez puedan gestionarlo por sí solos, pero cuando a éste se le añaden enfermedades como Alzheimer en un caso y el Parkinson en otro… te necesitan en todo y para todo.

Empiezas buscando ayuda a personas para que los cuiden mientras tú trabajas, personas que atiendan sus necesidades básicas, por las noches vas con ellos a dormir porque ya no pueden estar solos ni un solo momento y poco a poco te vas dando cuenta de que tanto física como psicológicamente estás muy tocada y llegando a tus límites.

Es entonces cuando una vez más empiezas a buscar y valorar otras posibilidades. Te planteas “la residencia para mayores”. Buscas, te informas, solicitas y… a esperar.

El día que suena el teléfono y te dicen que hay una plaza libre, se convierte en uno de los más duros. Hay que dar una respuesta y el dolor más grande es pensar que tus padres crean o sientan que los estás abandonando.

Otro día duro es el primero que los dejas en la residencia y no paras de preguntarte cómo estarán y cómo se sentirán.

Todas estas dudas quedan resueltas en muy poco tiempo porque pronto te das cuenta de que “la decisión fue difícil pero acertada”.

Empiezas a ir a la residencia y ves a tus padres con las necesidades básicas más que cubiertas y eso es importante, los ves acompañados, con el tiempo ocupado en un montón de actividades para trabajar la memoria, la movilidad, etc., y ves cómo se relacionan con personas de su misma edad y similares situaciones y cómo se ayudan entre ellos. Pero, sobre todo, ves el trato, el cariño que reciben del equipo de personas que allí trabajan, cómo se preocupan por ellos. Te das cuenta de que en esa residencia se respira a familia.

Aparte de las actividades habituales, no paran de organizar otras fuera de la residencia con el fin de hacer a “sus abuelos” cada día diferente y especial. Actividades como ir al cine, cruz de mayo, visita nocturna a la Mezquita-Catedral, visita a la Virgen de Guadalupe, día de feria y un largo etcétera. Es pensar en una actividad que pueda ser interesante para los abuelos y rápidamente ponerse manos a la obra. No crean que es tarea fácil, pues hablamos de personas con movilidad muy reducida, con pañales, tratamientos médicos, por lo que también hay que llevar sus medicaciones, muletas, andadores, sillas de ruedas… buscar el medio de transporte adaptado y acoplar la actividad dentro de un horario lo más adecuado posible a sus necesidades.

Acompañar a los abuelos en estas actividades es un gran regalo. Ofrecemos nuestro tiempo y ellos te dan una gran sonrisa, les das un beso y una caricia y ellos te responden con unas gracias de corazón que se puede ver en sus caras.

En definitiva, te das cuenta de que el tiempo no puede volver atrás, de que la situación es la que es y de que ahora lo que toca es disfrutarlos y acompañarlos en esta nueva etapa.

Quiero dar las gracias al equipo humano que trabaja en esta residencia por su labor y trato diario a los abuelos y gracias a las Hijas de la Caridad por esa gran labor tan desinteresada y ese servicio sin horas y sin límites.

Un familiar.