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Lunes, 26 de Agosto

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Entrevista a Rafaela Molina Obrero, una fiel peregrina del Camino de Santiago

Una residente de la Residencia Municipal de Mayores Fernando Santos de Añora realiza el Camino de Santiago

Rafaela Molina Obrero (“Rafalita” para los amigos) es una cordobesa nacida el 17 de mayo de 1933 en Adamuz, hace ya 84 años. Soltera y sin hijos, lleva viviendo en la Residencia Municipal de Mayores Fernando Santos desde el 4 de octubre del pasado año.

Desde muy joven, emigró a Amberes (Bélgica) donde estuvo 16 años trabajando de Auxiliar en un hospital, trabajo que compatibilizaba con el cuidado de personas enfermas después de su turno en el hospital. Todos lo meses enviaba puntualmente dinero a su familia (su madre enviudó joven y ella era la segunda de cuatro hermanos). Cuando su madre enfermó, se volvió a España para cuidarla, decisión que no le pesó tomar porque, a pesar de que disfrutaba mucho con su trabajo, detestaba el clima, nunca se acostumbró.

Comenzó a realizar el Camino de Santiago en el año 1975 y, desde que ingresó en la Residencia, se ha estado preparando porque, desde el 2014, no lo hacía y lo necesitaba. Este año, ha sido la décimo sexta vez que lo hace.

A continuación se muestra una entrevista realizada en el año 2017, primer año en el que estando en la Residencia hizo el Camino de Santiago.

La entrevista a una persona de 84 años de edad, que se mantiene activa tanto física como mentalmente , pretende servir como ejemplo para todas aquellas personas que, debido a la edad, a la enfermedad o a cualquier otra adversidad, se abandonan a su suerte sin luchar por aquello que les puede devolver la ilusión de vivir, aunque para ello, lógicamente, deban  esforzarse e incluso, sacrificarse.

Este año, 2018, Rafaela lo ha vuelto a intentar y ha cumplido 4 etapas del Camino; pero, para el 2019 se propone, de nuevo, poder alcanzarlo.

 

– ¿Cuántas veces has realizado el Camino de Santiago?

– Creo que, con ésta, son ya dieciséis. Empecé en el año 75, aunque fueron unas cuantas etapas, en esa ocasión no lo finalicé. Después, en las demás ocasiones, sí lo terminé. Tengo guardadas muchas de las credenciales, pero han sido tantos años que ya ni recuerdo exactamente las veces que lo he hecho. Al principio, solía perderme, pero ahora ya me lo conozco bastante bien. Hay que estar muy pendientes en las encrucijadas para no coger el camino equivocado, hay que buscar y seguir siempre las flechas amarillas. A lo largo del camino te vas encontrando los mojones de piedra con la concha, que indican la distancia a Santiago.

 

– ¿Qué significa para ti el Camino de Santiago? ¿Qué te transmite?

– Significa muchas cosas, principalmente, encontrarme con Dios en la soledad del camino, por eso, lo hago de noche, me levanto a las 04:00 de la madrugada para que no me pille el sol, me echo la mochila a cuestas, me coloco mi linterna al cuello y a marchar. Y ahí estoy yo sola con mis pensamientos y mis oraciones, me meto tan dentro de mí y me ayuda tanto el camino que, al finalizar, noto cómo hacer el camino, “me pone las pilas”. Cuando lo termino, me siento más fuerte, aunque también más cansada, porque una cosa no quita la otra. La fortaleza la llevo en mi interior.

 

– ¿Cuál es tu etapa favorita o en la que más hayas disfrutado y por qué?

– La etapa del Pirineo que va de Saint-Jean-Pied-de-Port a Roncesvalles. Soy una enamorada de los paisajes naturales y las montañas son espectaculares. También hay que decir que es una etapa muy dura y en la que hay que tener mucho cuidado porque lo mismo faltan las fuerzas para subir las cuestas que, si te descuidas, puedes acabar rodando montaña abajo. Las dos veces que la hice estaba nevado y, si cabe, era aún más bonito, el paisaje me recordó cuando sobrevolé, en una avioneta, los Alpes Suizos.

 

– ¿Eres una persona con creencias religiosas?

– Sí, desde pequeña. Estudié con monjas y me enseñaron catequesis, me acostumbré a rezar y la fe me ha ayudado en los peores momentos de mi vida, como cuando me vi en Amberes, sola, sin familia y con un diagnóstico de cáncer de útero. Me fui corriendo a la Iglesia más cercana al Hospital y allí lloré hasta que no me quedaron más lágrimas e hice un trato con Dios. Si me curaba, yo viviría conforme a la doctrina cristiana, y así lo hizo. Pasé lo tres peores meses de toda mi vida, pero aquí estoy. He intentado, en mi vida, hacer el bien. Soy de rezo y misa diaria y esto me ayuda a vivir mejor conmigo misma.

 

– ¿Quién crees que puede hacer el camino? ¿Se hace sólo por fe o hay más motivaciones?

– Mi motivación para hacer el camino es la fe, aunque reconozco que hay muchas personas que van por otros motivos. Los hay que van a descubrirse a sí mismos, los hay que van a vivir la experiencia del camino como deporte, los hay que hacen el camino como promesa, para intentar dejar adicciones, de estas personas me he encontrado, desgraciadamente, muchas. Es una gran pena encontrarte con esta realidad, pero así es. Las personas que van a hacer el camino tienen diferentes motivaciones y diferentes edades. Yo me he encontrado desde a un recién nacido, con un mes de vida, que lo llevaba su madre, precisamente en el camino de este año, hasta personas tan mayores como yo.

 

– ¿Crees que hay que prepararse para hacer el camino o no lo ves necesario?

– Por supuesto que hay que prepararse. Yo antes me preparaba en Córdoba, hacía mi ruta y cuando veía que estaba preparada, me iba a hacer el camino. Ahora, desde que estoy en la Residencia, me sigo preparando igualmente. Me levanto a las 7:00 de la mañana y, antes de desayunar, me voy a andar sobre una hora, más o menos. Luego, después de desayunar, hago bici estática, abdominales, etc. en el gimnasio de la Residencia. En las últimas semanas, antes de irme al camino, llenaba la mochila de peso y me iba a andar, para ir aconstumbrándome a llevar el peso de la mochila a las espaldas. Todo el esfuerzo merece la pena cuando se llega al Monte do Gozo desde donde se vislumbra Santiago.

 

– Una vez en el camino, ¿has pensado alguna vez en abandonar?

– Sí, como todo el mundo, pienso yo. A veces, cuando te duele todo el cuerpo y el cansancio se apodera de ti, te preguntas: ¿Y yo qué hago aquí?. En más de una ocasión, cuando me han visto llegar a los albergues me preguntan si he llegado en taxi o tengo coche de apoyo y mi respuesta es que el único coche de apoyo que traigo es el cochecito de San Fernando, ya sabes, un ratito a pie y otro caminando.

 

– ¿Has conocido a mucha gente en el camino? ¿Se entablan relaciones?

– Sí, se conoce a mucha gente con la que vas coincidiendo a lo largo del camino. El espíritu del peregrino además, es el de ofrecer ayuda a quién lo necesita. Yo he ofrecido ayuda y a mí me han prestado ayuda. A veces, es difícil hacerse entender por la cantidad de extranjeros que hay, pero siempre se consigue. Este año, como anécdota, me han preguntado muchos peregrinos porque, en la Residencia, me regalaron una camiseta que ponía “Yes, I can” (“Sí, yo puedo”) y con el nombre de la Residencia por detrás, había quién, jocosamente, me preguntaba si me había escapado. También se me acercan jóvenes de diferentes países para que me haga fotos con ellos porque, aunque existen personas mayores haciendo el camino, no es lo habitual.

 

– ¿Hay muchos extranjeros haciendo el camino?

– Sí, muchos. Cada año, más. En una ocasión, un peregrino me dijo que había contado hasta 24 idiomas distintos y la verdad, es que no me extraña. Hay muchos franceses, ingleses, alemanes… , pero en estos últimos años me llama la atención los peregrinos chinos, que cada vez son más numerosos. También he coincidido con peregrinos rusos.

 

– ¿Cúal ha sido tu mayor preocupación durante el camino?

– Mi mayor y única preocupación ha sido siempre el poder finalizar el camino. Este año, lo he hecho en 14 etapas, 126 Km, desde Ponferrada hasta Santiago. El día a día puede resultar duro, pero es muy gratificante. Además, los albergues están muy bien acondicionados y realmente no se necesitan grandes lujos para satisfacer las necesidades. Por 6 euros, en los albergues municipales, se dispone de una cama con un buen colchón, puedes utilizar el baño, hay cocina con horno, microondas, frigorífico. Hace años, las cocinas de los albergues también tenían el menaje propio de cocina, pero, ahora, cada uno tiene que llevarse lo suyo.

 

– ¿Cambiarías el Camino de Santiago por otro viaje más cómodo, aunque resulte más caro?

– En absoluto, lo que me ofrece el camino ningún otro viaje puede dármelo. He viajado mucho tanto por España como por Europa y he disfrutado mucho de todos mis viajes, he visto paisajes naturales verdaderamente maravillosos, conocido a mucha gente, pero el camino de Santiago es más un viaje a mi interior, a conocerme más a mi misma y sobre todo, estar más cerca de Dios. El camino, ÉL y yo.

 

– ¿Repetirás?

– 100% segura, si las condiciones en las que me encuentro son las mismas y las fuerzas no me fallan. El camino no llama, recibe a quién va, esto solo lo entiende quién ha puesto sus pies allí.

 

– ¿Por qué decidiste hacer, en esta ocasión, el camino?

– Porque esta vez creía que no lo conseguiría, pero no me quería quedar con la duda. Antes hacía el camino en apenas una semana. Este año, me ha costado, lo reconozco, pero lo he logrado: “Yes, I can”. Para el año que viene, si Dios quiere, volveré, ya estoy preparándome.

 

– ¿Por qué recomiendas el camino? ¿Qué van a encontrar las personas que se decidan a hacerlo?

– Recomiendo a la gente que haga el camino porque, al finalizar, vuelves más grande que cuando te fuiste, más plena, más alegre, más feliz. El camino, por lo menos, a mí, me da vida.

La gente, en el camino de Santiago como en el camino de la vida, dependerá de la actitud con la que se disponga a hacerlo, quien sea negativo, encontrará todo tipo de dificultades, por el contrario, quien tenga una mente abierta y sea positivo, recordará la experiencia como de las más gratificantes de su vida.

El peregrino es muy humano y está dispuesto siempre a echar una mano a quién lo necesite. El camino está lleno de humanidad.

 

– Por último, Rafalita, estás viviendo en Añora desde Octubre del año pasado y te has adaptado a vivir aquí como  una noriega más. Sales a pasear por sus calles, vas a Misa diaria a la Parroquia de San Sebastián, has ganado, incluso, algún premio a nivel local ¿Qué opinión te merece Añora y cómo te encuentras en la Residencia Fernando Santos?

– Cuando vine por primera vez a Añora, el 4 de octubre de 2.016 a las 17:30 (mira si lo recuerdo bien) estaba un poco preocupada porque no conocía el pueblo ni mucho menos la Residencia. A día de hoy, puedo decir que el destino me ha tratado muy bien. Añora, a pesar de ser un pueblo pequeño, no tiene nada que envidiarle a las capitales. Cuando llevaba unos cuantos días paseando por aquí, pensé que debía ser un pueblo rico, sin escaseces. Me encantó pasear por sus calles tan limpias y me quedé maravillada con tantas fachadas de tiras en las casas, esas casas tan grandes,… Se nota el progreso en el pueblo.

En cuanto a cómo me encuentro en la Residencia qué te voy a decir a ti que tú no sepas ya. Me siento como en casa. Al ser una Residencia pequeña, en número de residentes, el ambiente que se respira es muy familiar. Hay mucha limpieza y la comida es estupenda. Estoy muy agradecida con todo el personal porque me hace sentir como en casa y me ayudan en todo lo que necesito. Es aquí donde quiero quedarme.