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Miércoles, 20 de Noviembre

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Reviviendo la Feria

¡Qué recuerdos, qué diferente era todo!

“¡Ahhhh, qué recuerdos, qué diferente era todo! Se vivía la feria tan distinto…”

Empezaba unos días antes, cuando llegaban los puestos del turrón y se iban colocando a lo largo de la calle Feria, desde el Ayuntamiento hasta el recinto ferial. Había puestos de mantas, cacerolas, botas que traían desde El Viso, cazuelas de Santa Cruz de Mudela y, finalmente, antes de llegar al final de la calle se instalaban las tómbolas, después, más adelante, los cacharritos, las casetas y los lugares destinados al ganado.

¡Qué tiempos aquellos, qué alegría, era fiesta! Era un momento muy esperado, de los pocos que entonces había para divertirse.

“A lo largo del año íbamos ahorrando en una alcancía lo que podíamos y se rompía para la feria y poder disponer de unas “perrillas” y poder subir a los caballitos, el circo o comprar alguna cosa”. Todavía hay algunas personas que conservan esta costumbre.

“Había tiovivos que en aquellos entonces eran de madera y, como niños que éramos, empujábamos los caballitos para que cogieran velocidad y nos subíamos rápidamente hasta que paraban para volver a empezar”.

¡Era muy divertido!

“Nosotros veíamos el mundo con ojos de niño y nos llamaban la atención muchas cosas; nos gustaba acercarnos al lugar donde se hacían los tratos de compra-venta de los animales que se llevaban allí, porque además de fiestas eran ferias y los tratos de ganado se cerraban cuando habían ajustado el precio con un fuerte apretón de manos.”

Entonces se celebraban corridas nocturnas y había en el recinto ferial circo y teatros, entre ellos el Teatro Chino de Manolita Chen que tanto llamaba la atención por ser adelantado a su tiempo en cuestión de representaciones de espectáculos del género Revista.

Pero alguien dijo: “La mala noticia es que el tiempo vuela. La buena es que tú eres el piloto”. Cada uno de nosotros puede pilotar su “avión” hacia la felicidad y emplear sus recuerdos para disfrutar de ella.

Diego y Lola