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Lunes, 22 de Julio

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San Gregorio en blanco y negro

Todos los años, el 9 de mayo, el pueblo de Pozoblanco y, en especial, el barrio de San Gregorio, se engalana para celebrar su feria chica

Soy nacida en Pozoblanco, cuento con 84 años de edad y una memoria, gracias a Dios, muy buena. Pertenezco al barrio de San Gregorio, de lo cual estoy muy orgullosa y os quiero contar un pedacito de su historia.

Para muchos vecinos del pueblo San Gregorio es igual a la feria chica de Pozoblanco, pero no saben de dónde viene esta tradición. Os voy a empezar contando cómo se celebra actualmente.

Todos los años, para el 9 de mayo, el barrio se engalana para celebrar la procesión a San Gregorio y asistir a la misa y fiestas.

Durante los días 6, 7 y 8 de mayo se hace un triduo, que consiste en una misa durante tres días. La última noche del triduo, con el estandarte en la puerta y el tambor repiqueteando, se quema un corcho donde saltan los mayores y los niños mientras arde. A continuación se quema otro corcho en la casa del Hermano Mayor de la cofradía. Se ofrece un aperitivo tradicional con una copa de vino, altramuces y garbanzos.

Antiguamente, se celebraba con nueve días de novena, en los cuales los vecinos a la hora de la novena paraban su rutina, cogían las sillas de su casa y asistían al novenario. Durante esa fecha la gente ponía sus mejores colchas, pañitos y cojines, se arreglaban las casas y se ponían preciosas, como escaparates, para que los asistentes a la novena se acercaran a coger hojuelas y buñuelos que los vecinos del barrio ofrecían.

Pero… ¿de dónde viene toda esta Fe al Santo?

Cuenta la historia que hubo una plaga de saltamontes en Pozoblanco y la gente se encomendó a San Gregorio, que obró el milagro de salvar al pueblo de esta plaga.

El único período en el que no se ha podido celebrar la fiesta fue durante los años de la guerra civil española. Antes de ésta había una estatua de San Gregorio cuyo medio cuerpo inferior era de madera. Al estallar el conflicto unos milicianos, no se sabe exactamente quiénes, destrozaron la imagen en los poyetes de la ermita. A partir de ahí la zona paso a ser una intendencia del ejército para administrar comida al pueblo. Nosotros, como niños que éramos, entrábamos y cogíamos chocolate y los soldados, para asustarnos, nos metían en los cajones.

Cuando terminó la guerra volvió a normalizarse su uso y volver a celebrarse.

El barrio ha sabido conservar la ermita y la tradición tal como estaba, aumentando su importancia y convirtiéndose en fiesta local.

Viva San Gregorio y que siga su bonita tradición.

Atentamente,

Una vecina orgullosa de su barrio.