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Martes, 13 de Noviembre

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Un poquito de mí y mi día a día en la residencia

RESIDENCIA

Mi nombre es Luisa Romero Guerrero, tengo 83 años y soy residente de la Residencia Virgen del Rosario desde noviembre del 2007.

Me gustaría compartir un poquito de mi vida con todos vosotros.  Con 18 años años me hice monja y me fui a Bélgica, donde estuve diez años en un convento. Por motivos de salud tuve que abandonarlo y volverme a Córdoba. Allí  me he dedicado a trabajar en el servicio doméstico (interna) en Córdoba hasta que me jubilé. Después estuve viviendo con mis padres y hermana en mi pueblo, Espiel. Me viene a la residencia Virgen del Rosario de Peñarroya-Pueblonuevo junto con mi hermana, la cual falleció hace unos años.

Desde que estoy aquí en la residencia me gusta ayudar al personal que trabaja y ofrecer mi cariño a los residentes que aquí se encuentran.

Mi rutina diaria es la siguiente: Desde primera hora de la mañana bajo a los residentes desde las habitaciones al comedor, tanto a los que están en silla de ruedas como a los que no. Después de desayunar me voy a lavandería, donde doblo ropa (sábanas, toallas, entremetidas, ropa interior…). Ayudo hacer algunas camas y ordeno peluquería y podología. Y monto el comedor, entre otras. Me encanta ayudar, me hace sentirme muy bien.

El personal del centro me dice continuamente que descanse un poco, pero a mí me gusta estar activa. La semana pasada, Mercedes Gómez Torrente, limpiadora de la residencia, me hizo una poesía, fue algo inesperado y que sorprendió y gustó mucho.  Yo colaboro con todas ellas para el bien mío y ,por supuesto, de los demás.

Espero que os haya gustado este poquito que os he contado de mi vida. ¡Gracias por leerlo!

 

Es una brisa ligera

que recorre los pasillos

aferrándose a una silla

y repartiendo cariño.

Con amor dobla la ropa

que otros se van a poner

y de su boca no sale

nada que pueda ofender.

Es menuda como un soplo

y frágil como un cristal,

un pequeño pajarillo

al que debemos cuidar.

Avatares de la vida

hicieron mella en su cuerpo

pero la hicieron más fuerte

para aguantar los inviernos.

Inviernos duros y fríos

que se meten en sus huesos

delicados como cera

pero fuertes como el hierro.

Pero ahí sigue luchando,

trabajando cada día,

ayudando a los demás

como le indica la Biblia.