Bienvenido a mayoresdecórdoba

Jueves, 21 de Marzo

organizado
financiado
post-img

Una de las muchas poesías de Domitila

Historia de un moro y una cristiana

Corriendo van por las vegas a las puertas de Graná,
hasta cuarenta comales y el capitán que las manda.
Al entrar en la ciudad, parando su yegua blanca,
éste dijo a una mujer que entre sus brazos lloraba.

Enjuaga tu llanto, cristiana.
No me atormentes así.
Que tengo yo en mi sultana un nuevo edén para ti.

Tengo un palacio en Granada, tengo jardines y flores,
tengo una fuente dorada con más de mil surtidores.
Y en las vegas del Genil,
tengo una fortaleza, de la que serás reina junto a mí,
cuando encierre tu belleza.

Y por todita la orilla extiendo mi señorío,
¡ni en Córdoba ni en Sevilla hay un palco como el mío!
Allí las altivas palmeras,
junto al robusto nogal cubren valles y collados.

Yo te daré blancas plumas para que adornes tu frente,
más blancas que las espumas de nuestros mares de Oriente.

¿Qué me valen tus riquezas? Respondiole la cristiana.
Si me quitas a mis padres, mis amigos y mis damas.
Vuélveme moro a mis padres y a mi patria,
que mis torres de León valen más que tu Granada.

Escuchó a la par el moro,
manuseando su barba como quien medita,
en sus mejillas una lágrima.
Si tus castillos mejores que nuestros jardines son
y son mejores tus flores, por ser tuyas, en León.
Tú le distes tus amores a uno de tus guerreros.
¡Mujer cristiana, no llores, vete con tus caballeros!

Y dándole su caballo y la mitad de sus guardias,
el capitán de los moros volvió en silencio la espalda.

(Poesía recitada por Domitila Gómez Gómez)