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Sábado, 19 de Enero

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Una historia de superación

Antonia cuenta la historia de su vida

Me llamo Antonia, soy de Montalbán, tengo 78 años y acudo a la Unidad de Estancia Diurna de mi pueblo desde el 29 de agosto de 2016. Empecé en el centro dado que mis condiciones físicas y psicológicas eran mucho peores que en la actualidad y tanto mi marido Manolo como mi hija Gabriela decidieron que lo mejor para mí era acudir a un centro para reponerme y, sin duda, acertaron al máximo porque hoy día me encuentro mucho mejor, mi estado emocional ha mejorado muchísimo, tengo ganas de hacer cosas, de participar en todo lo que nos proponen, así que puedo decir hoy por hoy que estoy FELIZ.

Mi vida ha sido difícil. Aunque en mi pueblo la gran mayoría se dedica a las tareas agrícolas, yo nunca he pisado el campo, siempre he estado cosiendo en una sastrería, dado que por mi salud no podía hacer otra cosa. He sufrido muchas intervenciones quirúrgicas, pero todo eso quedó atrás.

Destaco como años importantes en mi vida los que pase en Francia, en concreto en Burdeos, 12 años, como tantos otros españoles buscándonos la vida fuera de nuestro país. Allí tuve a mis dos hijas, pero nosotros tuvimos la suerte de poder volver a España, y no sólo a nuestro país sino a nuestro pueblo con las niñas aún pequeñas para que hicieran su vida aquí, en Montalbán. Cuando nos vinimos de Francia, mi marido y yo abrimos una tienda de comestibles que hemos tenido durante 20 años.

Perdí a una de mis hijas con 38 años y desde ese momento mi vida no ha sido la misma, ya que los que somos padres sabemos que no hay golpe más duro que enterrar a un hijo, pero la vida sigue y, después de mucho, he aprendido que hay que seguir luchando. He pasado años muy malos, pero gracias a mi marido y a mi hija, mis dos grandes pilares pude levantarme “un poco” del pozo en el que caí.

Hoy tengo ilusión con algunas cosas, como la boda de mi nieta Esperanza, a la cual acudiré “sin luto”. Y para no “enrollarme” más, sólo tengo que decir que espero estar mucho tiempo como estoy ahora, acudiendo a la Unidad donde tanto me han ayudado, teniendo a mi Manolo muchos años como está ahora. En fin, sólo pido que mi vida siga tal y como está, ya que sé por experiencia que lo malo llega solo.