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Miércoles, 12 de Diciembre

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Unidades de Convivencia

Despertar en un nuevo hogar

Me presento, mi nombre es María, tengo 83 años y soy natural de Córdoba capital. Llegué a esta residencia el día 5 de diciembre del año anterior procedente de otro centro.

La verdad es que desde el primer día en que llegué pude notar el cariño con el que todos los trabajadores del centro me acogieron. Fue un día amargo por un lado, al tener que dejar a mis antiguos compañeros y amigos del otro centro, pero a la vez me sentí a gusto nada más llegar.

Un día cualquiera comenzaba con el aseo diario en la habitación para después bajarnos a los comedores que había dos, uno para las personas que necesitaban ayuda para comer y el otro en el que yo me encontraba. Desayunábamos y nos íbamos cada uno a nuestra sala de estar donde se podía pasar el día viendo la tele y charlando con los demás residentes.

Cuando llegaba la hora de las terapias, Sara, la terapeuta ocupacional, o Marta, la psicóloga, nos avisaban para irnos a la sala de las actividades y lo mismo hacia Fernando, el fisioterapeuta, cuando tocaba la gimnasia.

Al mediodía, al almuerzo, de nuevo al comedor y, al terminar, la misma rutina que durante la mañana hasta que después de cenar volvíamos a nuestras habitaciones para descansar del ajetreado día.

Pues bien, allá por el mes de febrero, una mañana cuando nos bajaron a desayunar parecía que habíamos despertado en un lugar nuevo, todo había cambiado.

Nuestro comedor de todos los días había desaparecido, y a cada uno de nosotros nos iban diciendo en la unidad a la que debíamos ir. En concreto, hay cinco y a mí me asignaron en la Unidad el Castillo, a la que fueron llegando much@s de mis amig@s, más o menos estaremos unos 20-25 residentes.

Comenzamos a desayunar en la parte que llaman comedor y, al terminar, nos fuimos a la zona de los sofás relax que parece el saloncito de nuestra casa. A la hora de las terapias llegaron la terapeuta y la psicóloga y nos pusimos a hacer las actividades allí mismo hasta la hora de almorzar. Igual ocurrió durante la tarde.

Cuando me fui a descansar por la noche no tuve la sensación de un día agotador como otras veces, estaba más relajada. Había podido dedicar más rato a charlar con las auxiliares del salón, ya no tenían tanta prisa como antes. La verdad es que se respiraba tranquilidad.

Aquí en el centro estamos muy contentos con este nuevo proyecto al que llaman Unidades de Convivencia: Casas para vivir, y tengo que decir que nos encontramos como en casa.

También quiero agradecer a tod@s l@s trabajador@s del centro la dedicación que tienen con nosotros, pero más especialmente a Anabel, mi profesional de referencia, como lo llaman aquí. Ella está pendiente de todo para que no me falte de nada y, si tengo algún problema, ella se encarga de solucionarlo.

Para terminar, quiero decir que me encuentro muy bien en este centro en el que he encontrado el calor que me faltaba desde que me quedé viuda y que espero pasar el resto de mis días con esta gran familia que es Vitalia Espiel.

María Rodríguez Márquez